miércoles, 28 de abril de 2010

El Trabajo Social y los Movimientos Sociales

El Trabajo Social y los Movimientos Sociales

EL Trabajo social, a lo largo de su historia, ha ido siendo parte de los cambios, que se han desarrollado desde el seno de la profesión misma como a su vez, de la realidad social que se va construyendo. Desde ese punto, podremos partir a una interpretación del campo, donde se va esgrimiendo teoría y práctica en una dinámica constante del devenir de los tiempos, su incidencia en el colectivo social, en la búsqueda incesante de un lugar definido, y en esta búsqueda del “COMPROMISO CON EL CAMPO POPULAR”, es donde nos vamos a parar, para poder, mínimamente, comprender la relación del trabajo social con los movimientos sociales, que si bien, aparentemente, encuentran canales propios para hacerse escuchar en sus reclamos, existe una intrínseca relación con el trabajo social y en esta relación es donde se encuentra una fuerte paradoja de la intervención profesional.

En estos términos, la creciente desigualdad social, que va acrecentando las brechas, pone de manifiesto, una constitución irregular de la realidad, marginando a grandes sectores de la población a una pobreza irreversible dentro de la concepción de mercado competitivo, empujando a estos sectores a la auto-organización como forma de respuesta a tanta injusticia social.

Al mismo tiempo, el trabajo social se encuentra en una posición poco propicia si no revisa dicha intervención y dicha relación con el campo popular que, desde la Dictadura Genocida que vivió el país durante la década del setenta, donde no solo se impuso a sangre y fuego un modelo económico, si no también un Estado reducido a mero administrador de los intereses del Capital extranjero, generándose luego en la vuelta a la democracia una continuidad de ese modelo “La Democradura”, con una profundización de la dependencia, pues estos gobiernos no aceptaron el mandato popular en las urnas, si no que todo lo contrario, fueron acrecentando la crisis de identidad, de mayor dependencia, comprando la globalización económica por sobre las posibilidades reales del país, privatizando lo público, haciendo pago lo gratuito, justificando la pobreza en aras de un único discurso, que no es mas que la ingeniería de un país para pocos.

En el pasaje de nuestra triste historia de ausencias y de muertes, donde el campo popular fue diezmado a tiros y a torturas para el logro de lo que hoy vivimos: el individualismo en su expresión más feroz.

Ni el trabajo social, ni el movimiento social están muertos, muy por el contrario, siguen más vigentes que nunca las luchas de los desposeídos del sistema y esto no es mera consigna, es una realidad contante y sonante, que

resuena en cada rincón donde se resiste a la entrega, donde se organizan para luchar por una vida más digna, más justa. En este terreno, es donde el trabajo social se debe autodefinir, circulando por los andariveles de una responsabilidad social que lo enmarca mas que cualquier otra profesión, sin que esto signifique que la profesión sea en si misma revolucionaria, sino mas bien, encontrando los caminos para ser los facilitadores o los que acompañen a las organizaciones populares a vehiculizar sus reclamos hacia el logro de los mismos, poniendo al servicio las herramientas propias del conocimiento científico, con la suficiente apertura para generar un proceso de aprendizaje mutuo y constante; para ello, es necesario conocer la realidad para tener una intervención acorde a las necesidades que se requieran, en cuanto al reconocimiento de las demandas iníciales, como lo plantea Nora Quin, ya que es de vital importancia agudizar esta capacidad, que tiene que ver con la percepción y la dinámica que se van desarrollando a medida que se avanza en un sentido dialéctico y crítico de la intervención como elemento base del conocimiento.

Otra cuestión para tener en cuenta en el trabajo con las organizaciones populares, es el respeto por el otro en cuanto a sus derechos, la libertad de poder expresarse y disentir en torno a las formas de la organización, siempre

en un marco de participación democrática, donde todos sean escuchados, esto lo llamamos CONSENSO.

De esta manera, existe la posibilidad de que todos emitan sus opiniones y las decisiones no involucren a pocos, sino a todos, una especie de democracia directa y popular.

Esto no es muy sencillo, puesto que depende de cada movimiento, de su génesis, de su conformación, de su cometido, pues en esto intervienen diferentes factores que determinan ciertas pautas, como la duración del movimiento, la cohesión grupal del mismo en pos del logro de los objetivos.

LOS ACTORES que intervienen en los movimientos sociales, pueden ser de variados extractos sociales, pero podemos observar que ello depende principalmente del tipo de conformación de lucha reivindicativo, cultural, económico, político, social, en un accionar directo o indirecto. Los movimientos sociales, surgen mayormente de conflictos en el seno de la sociedad y como estrategia de respuesta a dicho conflicto, que al superar este hecho, tiende a replegarse.

Antes de continuar con la representación de los actores, quiero hacer referencia a la definición de movimientos sociales.

Según Elizabeth Jelin, “Movimiento social por lo general se habla de acciones colectivas con alta participación de base, que utilizan canales no institucionalizados y que, al mismo tiempo que van elaborando sus demandas, van encontrando formas de acción para expresarlas y se van constituyendo en sujetos colectivos, es decir reconociéndose como grupo o categoría social.” [1]

En esta instancia, los sujetos van haciendo una elaboración propia de la realidad, desde sus propios parámetros, que a veces dista de la visión general de esta realidad.

Los distintos cambios en el ámbito económico, repercuten directamente en las concepciones y percepciones de sus integrantes, sin que esto signifique un retroceso en los reclamos y demandas. El trabajo social, por lo tanto, debe saber leer estos cambios y poder potencializarlos a favor de quienes logran o intentan organizarse en forma solidaria, no solo para la superación de las crisis, sino en posibilitar elementos para una etapa superadora, siempre y cuando se logre hacer una buena lectura de la realidad. Esto no siempre es posible, porque depende estrictamente de cual haya sido el eje de agrupación, como infieren sus líderes en el espacio del grupo de reflexión y de la acción propiamente dicha.

Existe lo que llamamos el sujeto técnico y el sujeto participante de la intervención. El sujeto técnico es el que aporta (lo que veníamos planteando antes) el conocimiento científico, o lo que llamaremos la experiencia reglada o académica, cuya formación es importantísima que cuente con elementos teóricos-prácticos acordes a las necesidades, pero a su vez, este se queda con elementos meramente teóricos poniendo una barrera entre los actores sociales, que dista mucho de una elaboración colectiva de los movimientos, quedando por su parte, a medio camino del logro de ser un facilitador, para convertirse en un obstáculo de tinte burocrático y administrativo; no quiero que se mal interprete esta definición, puesto que la realizo desde la perspectiva de los movimientos sociales y sus necesidades, sin que esto signifique que el sujeto participante de la intervención, vaya a ser el único elemento profesional en el abordaje de la temática, si quizás, sea el más particular de los abordajes, donde no-solo se refleja el conocimiento teórico, sino que puede elaborarse en forma conjunta, un conocimiento colectivo, participativo y vivencial, donde se pueda re-elaborar las conceptualizaciones sin reparos y en función de la utilización de los espacios de libertad de pensamiento, tan cercenados por estos días, y que tanta falta nos hace para reencontrarnos como parte de un

todo social y no tan disgregados y peleando alejados, ante un sistema que se impone unidireccional sin posibilitar una alternativa.

El vuelco a lo social no es estrictamente una opción nueva, pero si se evidencia un problema, que a veces viene de la ideologización, que no tiene un aspecto negativo si se pueden mantener espacios de autocrítica de la intervención donde se materializa el problema, en el cual se desgrana el conocimiento de la realidad que nos circunda y hasta parece por momentos agobiarnos, hasta el punto de desencontrarnos como científicos sociales. El sentido humano que nos juega y nos planta en un sector determinado, también inciden en nuestra visión perceptiva de esta realidad, donde la combinación es plenamente necesaria, tanto para el enfoque profesional y el enfoque ideológico del trabajo social, en el sentido orientador que se puede tomar con respecto a los movimientos sociales y sus actores diferenciando los distintos roles que se asumen dentro de una organización. “En un trabajo, T. Evers, plantea algunas ideas importantes para la reflexión, sobre los movimientos sociales. Las ciencias sociales, preocupadas desde siempre por el poder y la voluntad de transformación política, estuvieron mirando la realidad de los movimientos sociales de los países latinoamericanos, demasiado centrados en cuestiones de poder. Desde la

perspectiva de la transformación política, las expresiones colectivas no institucionalizadas de los sectores populares fueron interpretados como protestas pre-políticas o como embriones de participación popular a ser encauzadas por un partido-vanguardia. El reconocimiento de estas manifestaciones colectivas no pueden ser fácilmente incorporadas a un partido revolucionario; esto llevó a una primera reinterpretación de su sentido político, por un lado, los que se ocuparon de llamar reformista o reaccionario. Los perplejos comenzaron a reconocer la urgencia de mirar mas profundamente en el interior de esos movimientos; para poder descubrir sus preconceptos, sus potencialidades y limitaciones contextuales, históricas”[2]

“Movimientos Sociales, Nueva forma de hacer política; .El tema poder ordenador del pensamiento interpretativo. Volver a mirar a los movimientos desde otra perspectiva, nuevas formas de relaciones y de organizaciones sociales, lo que estaría transformando, es la sociedad más que una nueva forma de hacer política. Una nueva manera de relacionar lo político y lo social, el mundo público y lo

privado, en el cual las prácticas sociales cotidianas se incluyen y en directa interacción con lo ideológico y lo institucional político”.[3]

“Los movimientos sociales como indicadores de la existencia de conflictos sociales entre los actores colectivos en los cuales se pone en cuestión manifiesta o no el sistema de relaciones sociales; Los movimientos sociales no son fenómenos residuales del desarrollo o manifestaciones de descontento de las categorías marginales”.[4]

Son de alguna manera propicios generadores de nuevas relaciones de cambios, en el grueso de la sociedad, manteniendo vivo el ímpetu de la constante transformación. En este plano el trabajo social, se encuentra estrechamente relacionado desde lo que podemos llamar área inherente a la conformación del cuerpo teórico práctico de esta profesión vinculada a lo social.

ALGUNAS PERSPECTIVAS DE MOVIMIENTOS SOCIALES.

“La definición de movimientos sociales, hace de ellos agentes conflictivos de producción y funcionamiento de un sistema social. Pero, ¿no existen movimientos sociales al nivel mismo de los modelos culturales más que al nivel de su utilización social? Y por otra parte, ¿debe el análisis de los movimientos sociales mantenerse en una perspectiva sincrónica o, por el contrario, se puede ampliar al terreno del cambio?. La innovación o la resistencia a la innovación cultural, no puede constituirse por sí en movimiento, porque la definición de este, combina la referencia a un campo cultural y la conciencia de una relación social de dominación”5. “Pero un conflicto cultural, puede contener una dimensión social e incluso en el límite, siempre implica una, porque no existe nunca un modelo cultural en sí, completamente independiente del modo de dominación que se ejerce sobre él”6.

“El movimiento cultural más importante, es el de las mujeres. Por un lado, se opone a la condición femenina tradicional y al mismo tiempo transforma nuestra imagen del sujeto; por otro, está dividido por dos tendencias que

representan, de hecho, fuerzas sociales opuestas: de una parte, una tendencia liberal que lucha por la igualdad y que atrae categorías sociales elevadas, por otra parte, una tendencia radical que lucha por la especificidad mas que por la igualdad, desconfía de las trampas de esta última y combate un tipo de dominación tanto social como sexual, ya sea, relacionando la acción de las mujeres con las del proletariado u oponiendo de manera mas directa, una concepción tecnocrática y masculina”7.

“Al lado de los movimientos sociales en el sentido estricto del término, y de los movimientos culturales, que llamaremos socioculturales, hay que reconocer la existencia de movimientos sociohistóricos. Estos no se sitúan en el interior de un campo de historicidad, como los movimientos sociales, sino en el paso de un tipo de sociedad a otro, lo que corresponde lo llamábamos desarrollo y en donde la industrialización es todavía la forma más importante. Aquí, el elemento nuevo, es que el conflicto se organiza alrededor de la gestión del desarrollo y, por consiguiente, que el actor dominante no es una clase dirigente, siempre definida por su papel en un modo de producción, sino una elite dirigente, esto es el grupo que conduce el desarrollo, el cambio histórico, y que se define, sobre todo, por la dirección del Estado. Un

movimiento sociohistórico esta asociado al estado industrializador o a su adversario, la modernización, pero mientras que uno desea reforzar la capacidad de inversión y de movilización del Estado, cualquiera que este sea, su adversario apela a la nación y la participación popular”8.

“Existen similitudes parentales entre los movimientos sociales, socioculturales y sociohistóricos. Lo que puede justificar el paralelo que se establecen algunos entre los movimientos, obrero, campesino, movimiento de liberación nacional y movimiento de liberación de las mujeres. Pero, es más importante subrayar las profundas diferencias que los separan y que les impiden unificarse. ¿Los países subdesarrollados o emergentes, no están acaso dominados por esta constante oposición entre los movimientos de clase y los movimientos nacionalistas y no por su unidad? Estos dos tipos de movimientos, no se unen más que bajo la égida de un partido revolucionario nacionalista y es siempre pagando el precio de la destrucción de ambos: el partido que los absorbe se vuelve totalitario. De la misma manera, las tentativas de unión entre los movimientos obreros y de las mujeres, se han topado con dificultades tan grandes, que la mayoría de las mujeres militantes

radicales ha tratado de lograr esa unión alejándose de una acción sindical o política que les parecía particularmente sorda a sus demandas”9.

“El dominio de los movimientos sociales socioculturales y sociohistóricos no está jamás aislado. El movimiento obrero, que cuestiona el poder de los dueños de la industria, no está separado de las reivindicaciones y de las presiones, para acrecentar la influencia de los sindicatos en las decisiones económicas, sociales y políticas”10.

“Al contrario, el movimiento obrero, no es la suma de reivindicaciones negociables. Lo que indica su presencia, es la presencia de elementos no negociables en las negociaciones y, por consiguiente, la imposibilidad, para un sindicato representante del movimiento obrero, de llevar una acción puramente instrumental en términos de costos y de ventajas. Lo que llamamos sindicalismo de mercado, no pertenece ya al movimiento obrero, lo que acarrea por repercusión, el desarrollo de conductas de rupturas: huelgas ilegales, ausentismo, freno acentuado y actos de violencia o de sabotaje que indican la presencia reprimida del movimiento obrero en un sindicalismo de mercado, o el hecho de que las reivindicaciones están, muy fuertemente institucionalizadas.

Esta observación, habría que interpretarla desde la no definición de un sistema político como la oferta, que responde a las demandas sociales constituyentes de su medio ambiente, se debe reconocer como lo propio de la democracia representativa que los actores políticos dependen de los actores sociales que representan, conservando una autonomía mas o menos considerable. De suerte que, los actores políticos actúan a la vez en función de su posición en los sistemas de decisión y como mandatarios de grupos de interés o de movimientos. La opinión percibe esto de manera irónica, dándose cuenta del doble discurso de los diputados, ya sea que hablen en su distrito o en las sesiones de comisión parlamentaria.

De la misma forma, el funcionamiento de una organización, no puede analizarse únicamente en términos de relaciones de autoridad. Las decisiones tomadas por el jefe, se explica también, por las políticas de los dirigentes de las empresas y hasta de los propietarios. De igual manera, el comportamiento de los obreros o de los empleados está fuertemente dominado por su representación de un conflicto general de intereses.

El estudio de los movimientos sociales no debe limitarse a algunos conflictos o eventos espectaculares: un movimiento social es tan fuerte como su ideología y tan firme como su organización. Estamos muy habituados a hablar

del paso de la clase en sí a la clase para sí, de la situación experimentada a una conciencia que se forma con el paso a la acción política. No existe la clase en sí, no existe clase sin conciencia de clase. Lo que se debe distinguir, es la conciencia social de clase, esto es un movimiento social siempre presente, al menos de manera difusa, desde que se da el conflicto sobre la apropiación social de los principales recursos culturales, y la conciencia política, que opera a nivel de traducción del movimiento social en acción política, de una acción dirigida contra una dominación social en estrategia con respecto al poder político. Desde aquí se desprenden diversas formas y prácticas de organizaciones que generan mecanismos con cierta autonomía, teniendo que combinarse y ampliar el campo de acción del trabajo social con los movimientos sociales.

En la acción social, la pretensión de alinear todo en términos de relaciones sociales desiguales, ya que se trate de poderes de dominación de influencia o de autoridad. He aquí una cuestión que las relaciones sociales no se mantienen nunca completamente abiertas, también se cierran, en otras palabras, se modifican, se transforman en orden social, mantenido por agentes de control social y cultural y, más en general, por el poder del Estado. Lo que quiero decir, es que el orden social es susceptible de entrar en crisis, cómo las

relaciones sociales se modifican y por lo tanto en el mismo campo social las relaciones y los órdenes están constantemente cambiando. Nuestro conocimiento sobre los movimientos sociales no es acabado, pues se encuentra inserto en estos constantes cambios entre el orden y la crisis de los sistemas de decisión que nos plantea una alternancia metodológica sin que esto sea un pluralismo que no nos conduzca a nada, desvirtuando la realidad al punto de no poder reconocerla. Desde hace bastante tiempo, autores de la talla de Marcuse , Foucault, entre otros, fueron plasmando el pensamiento de que la sociedad se controla y se vigila cada vez mas estrechamente, la vida social ya no es mas que el sistema de signos de una dominación exclusiva lo cual impide que todo movimiento social sea otra cosa que un rechazo y una revuelta encerrado en los márgenes de la sociedad unidimensional. Es cierto que el creciente dominio de la sociedad sobre ella misma puede, en lugar de extender el espacio público hacerlo desaparecer, dando al poder central una posibilidad de intervenir en todos los aspectos de la organización social, la vida cultural y de la persona. El persistente debilitamiento de los movimientos sociales luego de los años sesenta y setenta, mostraron que podían hacer tambalear al sistema y que además lo podían modificar. De allí en más, un hondo pesimismo se apoderó

en los trabajos con los movimientos sociales, puesto que reflejaban ciertas imposibilidades casi insalvables para la superación de las desigualdades, siendo el aparato ideológico del Estado, el mayor obstáculo para esta superación por sostener un orden particular. Por otra parte, esta mas que demostrado, que el orden no logra reinar jamás y que ahí donde existe el control ideológico, la manipulación y la alineación, existe primero la represión física, la violencia y la revuelta reducidas a la degradación, de la misma forma en que el silencio del mundo de la esclavitud o de los campos de concentración, detrás de los barrotes del orden sobreviven siempre las relaciones sociales de dominación y contestación”11.

De esta manera es como se van configurando los diversos planos en el trabajo social con los movimientos sociales. Y no en un reduccionismo inverosímil que no alcanza a dar respuesta en la lectura de esta realidad siempre cambiante que nos debe mantener alerta en cuanto al compromiso que tenemos como cientistas sociales, de no quedarnos en la superficie, sino poder hacer una consideración mas profunda y determinadamente seria, pues sino, quedaremos relegados al margen de la historia sin poder salir del estigma del hacer.



[1] Jelin, Elizabeth, “Los nuevos movimientos sociales”, Ed. América Latina, 1989

[2] Germani, Gino, “Política y sociedad en una época de transición”. En : Calderón, Fernando y Jelin, Elizabeth, “Movimientos sociales ante la crisis”, Ed. UNU, 1986.

[3] Laclau, “Política e ideología de la teoría marxista”, Ed. Siglo XXI: España,1978

[4] Jelin, Elizabeth, Idem.

5 Alan Touraine, “Los Movimientos Sociales”. Ed. Almagesto 1991.

6 Alan Touraine Idem

7 Alan Touraine Idem

8 Alan Touraine Idem

9 Alan Touraine Idem

10 Alan Touraine Idem

11 Alan Touraine Idem

1 comentario:

  1. Muy buen aporte sobre los movimientos sociales. Espero no haya problema de haber utilizado tu perspectiva para un trabajo escolar, claro con tus derechos. Saludos desde México.

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